Misogi Dojo de Aikido

Aikido para ciegos.


El Aikido es un arte marcial moderno, de origen japonés, cuya principal característica es que busca unificar la energía de los practicantes.
Los movimientos son circulares, se busca eludir la confrontación y limitar al mínimo el uso de la fuerza.
A una energía o intención, no se le opone resistencia, sino que el practicante se une a ésta redireccionándola a su voluntad y conveniencia.
Es apto para ser practicado por personas de diferente edad y condición física, debido a que se puede graduar la intensidad del ejercicio.
La práctica en sí misma abarca diferentes puntos.
Lo primero que se hace es el Taiso (literalmente en japonés, gimnasia), un calentamiento y estiramiento de los diferentes músculos que van a estar comprometidos en la realización de los ejercicios. Esto nos permite, no solo prevenir una posible lesión, sino también conectarnos de a poco con los ejercicios que vamos a realizar a continuación, dejando fuera del tatami (colchoneta donde se realiza la práctica) todas las preocupaciones de la vida cotidiana, enfocándonos en el aquí y ahora.
Luego, se practican caídas, en las que los estudiantes ruedan hacia adelante o hacia atrás sobre su espalda. Esto sirve, como forma de protección para el practicante luego al momento de recibir una técnica, evitando que pueda lastimarse al caer violentamente sobre el tatami. Las caídas también masajean la espalda activando todos los centros que se encuentran a lo largo de la columna.
En segundo término, se realizan las técnicas de aikido propiamente dichas, alternando en la práctica con nuestro compañero. Las técnicas parten de agarres de muñecas, ambas manos, hombros, espalda, etc.
Como se comentó, se busca que las técnicas sean circulares y utilizando la menor cantidad de fuerza posible, moviendo el cuerpo en forma coordinada, no desordenadamente, primero las piernas, luego la cadera, luego los brazos, dependiendo de la técnica. Nos enseña a ubicarnos espacialmente dentro del tatami, no solo para movernos nosotros, sino también para evitar que nuestro compañero salga lastimado.
En último término y luego de la práctica, se concluye la misma realizando Mokuso, que es un ejercicio de relajación cuya finalidad es volver a uno mismo, luego del ejercicio intenso.
Se efectúa sentado en seiza, con los ojos semi cerrados, ambas manos cruzadas sobre el bajo vientre, inspirando suave pero profundamente por la nariz enviando el aire hacia el ombligo (no hacia los pulmones) y expirando suave pero totalmente por la boca semi abierta.
Nos concentramos en la respiración, pero no con intensidad, sino con el fin de ir haciéndola cada vez mas lenta y profunda, el ciclo inspiración-expiración debe durar cada vez mas. Relajamos todos los músculos, pero manteniendo la buena postura de la espalda y los hombros, es decir sin "dejarnos caer" e intentamos liberar nuestra mente de todo pensamiento.
Una vez terminado éste ejercicio, ha concluido la clase. Si la misma fue buena y cumplimos con todas las etapas de la misma, finalizamos cansados pero con los músculos relajados.

A continuación analizaremos los beneficios que este arte marcial ofrece a las personas ciegas. Para hacerlo tendremos en cuenta principalmente los componentes de desempeño motor y de procesamiento sensorial.

Componente de desempeño motor:
En los ciegos las posibilidades de movimiento se hallan restringidas por lo cual la función motora, la postura y la calidad de los movimientos son deficientes. A través de los distintos momentos de la practica de aikido se favorece el desarrollo de la motricidad. La adquisición de fuerza; debido al trabajo muscular propio de toda actividad física, flexibilidad; durante el Taiso como durante la aplicación de las técnicas, mantener el equilibrio; es necesario durante todo la practica, control de los movimientos, coordinación y ritmo. Como se explico anteriormente, se busca unificar la energía de los practicantes, esto implica que la fuerza muscular que ejerzo debe estar en armonía con la de mi compañero. Además se debe realizar mas de un movimiento a la vez, a modo de ejemplo, mantener la posición de guardia, bajar el centro de gravedad, a continuación tomar el brazo de mi compañero y redirecciones su fuerza. Todo esto implica a su vez disociaciones de la cintura escapular y pélvica. La función de la cadera como timón de la energía o fuerza que se realiza es fundamental. Como anteriormente mencionamos, los movimientos se realizan en forma ordenada. Primero las piernas, luego la cadera, luego los brazos, dependiendo de la técnica. Otro punto muy importante es que durante la practica se mantiene una postura de la espalda derecha, la columna vertebral debe estar alineada correctamente pero relajada para poder adaptarse a la técnica que realizamos o que se nos realiza, si nuestro cuerpo no se encuentra relajado corremos el riesgo de lesionarnos. El instructor presta mucha atención a la relajación del cuerpo cuando se entrena. Esto, en la persona no vidente, es ciertamente benéfico ya que tiende a mantener un estado de rigidez muscular constante que implica un gasto de energía mayor.

Componente de procesamiento sensorial:
Estimulación sensorial vestibular:

Así como las personas videntes estimulan su sentido vestibular cada vez que giran la cabeza para mirar una cosa u otra; los niños disminuidos visuales se balancean y sacuden la cabeza como única manera de autoestimularse vestibularmente (cegadas), si esto no se corrige durante la infancia es probable que lo sigan realizando a lo largo del tiempo.
El aikido proporciona, tanto en la practica de las técnicas donde se desplaza el cuerpo y la cabeza a uno y otro lado, pero principalmente durante las caídas, la estimulación vestibular suficiente combinando recreación y aceptación de la sociedad.
La función vestibular no sólo es importante para disminuir o prevenir las cegadas sino también para favorecer movimientos posturales, de equilibrio y extensión protectora. Del mismo modo brinda conciencia corporal y seguridad gravitacional, esto es la confianza de que estamos firmemente conectados con la tierra, vital para la salud emocional y es el cimiento sobre el que construimos nuestras relaciones interpersonales.

El cerebro debe integrar 3 tipos de sensaciones:
- La sensación de gravedad y movimientos provenientes del oído interno
- Las sensaciones de los músculos de los ojos.
- Las sensaciones de los músculos del cuello.

El cerebro debe integrar estos 3 tipos de sensaciones para saber cómo mantener los ojos y el cuello firme.
Los músculos de los ojos y del cuello tienen una función particularmente importante en la organización del sistema vestibular.
Algunas de las funciones más importantes del sistema vestibular junto con la ayuda de otras partes del cerebro, es que organizan muchas de nuestras respuestas posturales y de equilibrio. Estas son cocontracciones musculares automáticas que mantienen a nuestro cuerpo en equilibrio sobre dos pies, soportan nuestros brazos cuando empujamos o tiramos de cosas, y ajustan nuestro cuerpo para hacer movimientos suaves.
Aikido ayuda a la conciencia corporal ya que si partimos de estas premisas respecto a las respuestas posturales, podemos decir que, cuando tomamos a un compañero con nuestras manos y guiamos su cuerpo en determinada dirección, el tronco y las piernas se ajustan automáticamente, para que los brazos hagan su trabajo con eficiencia. De igual forma ocurre cuando se nos aplica una técnica y nuestro cuerpo es desplazado en el espacio. Estos ajustes se llaman movimientos posturales de fondo. Los damos por hecho y sólo pensamos en lo que hacemos con los brazos y manos. Sin embargo, todo el cuerpo debe sentirse y moverse como una unidad completa para que nuestros brazos y manos puedan hacer bien cualquier cosa.
Cuando las respuestas posturales son deficientes es porque los núcleos vestibulares no reciben suficiente entrada; no pueden mandar suficientes impulsos por la Medula Espinal hasta los músculos que extienden el cuello, los brazos, espalda y piernas. Como ya se menciono anteriormente, la postura en la persona no vidente se encuentra alterada debido tanto a la carencia de estimulación vestibular adecuada como al estado de alerta en el que se halla permanentemente.
Así también, para que podamos mantener la cabeza estable y moverla eficientemente, todos los músculos alrededor del cuello deben contraerse al mismo tiempo (cocontracción). Al igual que los músculos que se encuentran alrededor del tronco deben contraerse para sostener el cuerpo estable y no perder el equilibro por un empujón, por ejemplo.
Los impulsos vestibulares y propioceptivos también interactúan cuando el cuerpo se esta acercando al suelo. Esto estimula al cerebro para que mande mensajes a los brazos, ordenándoles que se extiendan. Esta extensión detiene la caída y protege la cara. Durante la práctica de Aikido ambos sistemas, vestibular y propioceptivo, son estimulados constantemente debido a que el cuerpo entero es desplazado hacia uno y otro lado, es decir, que el centro de gravedad es desplazado. Cuando se desplaza el centro de gravedad se esta estimulando tanto el equilibrio como las reacciones protectoras.
Pero al hablar de procesamiento sensorial no solo podemos referirnos a los anteriores sistemas. En la práctica de Aikido con ciegos juegan un papel importante el tacto y el sistema auditivo.

Sistema auditivo:
El practicante ciego debe localizar la fuente sonora e identificar la información que recibe. Debido a que no puede ver a su pareja cuando entrena debe estar sumamente atento a lo que oye, para poder seguir las instrucciones dadas por el Sensei (maestro) como para oír a su compañero.

Sistema táctil:
Hablamos de la importancia de tacto háptico o tacto activo, el ciego debe buscar información respecto del cuerpo del otro, debe hacer un reconocimiento de su compañero para poder ubicar las distintas partes del cuerpo, en qué posiciones se hallan y de esta forma aplicar las técnicas.

En definitiva, como vimos hasta aquí, a veces con un lenguaje algo técnico pero fácilmente entendible, son múltiples los beneficios que la práctica del Aikido genera para las personas ciegas.
Y tal vez, la cuestión menos técnica y más palpable, sea la de incorporarlos en una práctica normal, con compañeros videntes, fomentando de ésta forma no solo su desarrollo personal en cuanto a confianza y desenvolvimiento, sino también la inclusión del practicante no vidente.



Paula Lucia Arias, Angelina Bazet y Hernán M. Gauna